
"Su belleza, seguramente sin par, se hallaba en su interior y no ejercía una fascinación inmediata”
El gran W. Shakespeare lo reflejaba así:
La edad no podrá marchitarla,
ni la rutina helará sus encantos.
Otras mujeres sacian el hambre que alimentan,
ella provoca más hambre cuanto más sacia.
Pues hasta lo más impuro tanto purifica,
que incluso los santos sacerdotes la bendicen si peca
La Vida de Antonio y Cleopatra

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